domingo, 13 de julio de 2014

El fin NO justifica los medios


El árbitro pitó el final, y todos miraron el suelo. El fútbol, después de 24 años, volvió a ser ese "deporte en el que siempre ganan los alemanes", pero que desde hace rato no reafirmaban.


Los jugadores argentinos en el suelo, mientras los suplentes del equipo se reúnen para compartir el sentimiento. Los de blanco hoy festejan, pero era una posibilidad. Si antes del partido pensaban que perder era imposible, desde ya estaban errando.
Esa "argentinidad al palo" que tanto detesto, nos impone que el que no gana es un gil, un fracasado, un muerto, un nadie. El resultadismo, esa maldita enfermedad que afecta a todas partes del mundo, impone que el resultado final de algo es lo que determina si sos un grande o sos un perdedor.



Estoy leyendo comentarios en caliente de muchos contactos de FB, con los que no comparto, y respetuosamente, me parece que están siendo muy desagradecidos con un equipo (cuerpo técnico y jugadores) que dejaron todo, que se comieron todas las críticas del periodismo infame, de los opinólogos gratuitos y de los 40 millones de técnicos, y que le taparon la boca a la gran mayoría.


Acá se premia el resultado, no el método, la forma de llegar. Pasan de amar a odiar, en cuanto a un número frívolo, y dejan pasar toooodos los momentos de alegría, locura, sentimiento que sintieron durante 7 partidos intensos, algunos mejores que otros, algunos más precisos y con mejores finales que los demás. Quedarse solamente con un resultado, y empezar a criticar otra vez al equipo que les regaló tantas emociones y al que vieron atentamente cada segundo de los 7 partidos, es ser un panqueque, pasar de amar a odiar simplemente por el resultado final, sin tener en cuenta todo lo que nos dieron, todo lo hecho hasta acá, haber unido como hacía tanto tiempo hacía falta a un pueblo dividido por política y dinero, ¿que otra entidad puede unificar al pueblo como lo es el fútbol?


Estamos en caliente, realmente bastante calientes y queremos romper todo. En mi caso estoy enormemente orgulloso, tranquilo de lo hecho durante los 7 partidos, y feliz de que el pueblo argentino volvió a sonreír una vez más, aunque sea por un rato, luego de comer tanta mierda.


Cada uno es libre de opinar lo que sienta, pero siento necesario compartir mi visión (que es diferente a la que estoy escuchando y leyendo por varios lados). Este equipo, que comió toda la bosta que le repartieron por todos lados, terminó en la gloria. Ellos son inmortales, ellos hicieron lo imposible, no uno, ni dos, ni el Balón de Oro, ni el arquero, ni el lateral izquierdo, los 23 jugadores y el cuerpo técnico en su totalidad, aportaron lo más grande que le podés dar a un país: identidad, establecer un vínculo entre tantos millones de personas.

Que mundial extraordinario, nos emocionamos, alentamos, pasamos de la euforia al delirio, por la frustración, por el deseo, por morder el polvo y por tocar el cielo, durante 7 partidos, en el lapso de un mes. 
Gracias eternas al plantel de la Selección Argentina, ganaron mi corazón con cada gol, cada grito de aliento y cada partido. Nunca los voy a olvidar.


Gracias Lio, sos el mejor. Gracias Masche, sos el Jefe. Gracias Romerito, da orgullo verte tan gigante entre tantos rivales. Gracias al plantel eterno. Gracias Alejandro Sabella, me gusta mucho tu forma de plantear los partidos, pero sobretodo, tu actitud, porque no vendes humo, simplemente trabajas con un perfil bajo, y por eso te pegan de todos lados.
Señores, es fútbol, es la vida misma.


Nicolás Leoni